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Los
primeros humanos que se sabe que habitaron el territorio
valenciano hace 300.000 años (los de la Cueva de Bolomor, Simat de
la Valldigna), seguro que transitarían a menudo por el camino de
Barxeta en el transcurso de sus expediciones de caza, durante el
paleolítico. El hombre del neolítico parece que prefería las
riberas de los ríos de los alrededores de Xàtiva. Pero, durante la
edad del bronce y la época ibérica, fueron ocupados por pequeños
poblados de ganaderos algunos de los montes del término actual de
Barxeta.
Para los romanos de la ciudad de Saetabis (Xàtiva), el valle o
rincón de Barxeta fue, sobretodo, un lugar de pastoreo de bestiar
y de actividad minera a cielo abierto. La mayoría de las lápidas y
esculturas del Ager Saetabensis o región de Xàtiva fueron labradas
en mármol de la partida de Buscarró, de diferentes tonalidades:
rosado, amarillento, blanquecino... Este mármol de la denominación
de origen “buscarró” (pronunciado “buixcarró”) ha sido utilizado
durante siglos por los valencianos, y continua siéndolo, para
muchísimas obras públicas. Hasta se llegó a exportar, a mediados
del siglo XV, al Nápoles de Alfonso el Magnánimo y a la Roma de
los Borja.El nombre de la
localidad, Barxeta (diminutivo de Barj, pronunciación local del
árabe Burj, “la Torre”) es indicativo de su origen islámico. Se
trataría, con toda seguridad, de una alquería de colonización
agropecuaria del secano (con la huerta reducida para el consumo
doméstico), establecida a los pies de una “torreta”, vigilando el
camino de Xàtiva a la Valldigna. Además, en tiempos de Al-Andalus,
consta por el relato de algunos geógrafos árabes que el
aceite del campo de la medina de Xàtiva se exportaba a las Islas
Baleares; seguramente, a través del camino de Barxeta, que era el
camino de la mar. |
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Con posterioridad una vez
incorporado el valle al reino colonial de Valencia, a los
musulmanes se les permitió quedarse, bajo el dominio feudal del
caballero de Calatayud Pero Zapata. Después, Barxeta pasaría a
manos de diferentes caballeros y ciudadanos cristianos de Xàtiva,
que se sucedieron durante siglos en la posesión de la baronía. En
el siglo XVI, a raíz de la forzosa conversión de los musulmanes en
moriscos, durante la guerra de la Germanía, la mezquita de Barxeta
fue convertida en iglesia (1535). Pocas décadas después, el 1609,
las 46 familias moriscas del pueblo fueron expulsadas. Barxeta fue
repoblada entonces, superando algunos contratiempos y
dificultades, por 15 colonos cristianos viejos, procedentes de los
pueblos comarcales y del reino vecino de Mallorca.
A partir de aquellos años (1610-1620), comenzó la historia de la
Barxeta valenciana, de la Barxeta actual, que en el siglo XVIII
conseguiría prosperar mucho en rentas y pobladores, a pesar de
estar emplazada en un terreno desagradecido, sobretodo cuando lo
comparamos con el de las huertas del pla de Xàtiva, y a pesar,
también, de haber de tributar los labradores al barón de Barxeta
un buen pellizco de cada cosecha. Destacaremos como en cosa de
pocas décadas se triplica la población: de las 15 casas del 1713 a
les 44 del 1791. También databa de aquel siglo XVIII, del 1734
concretamente, la iglesia parroquial demolida durante la Guerra
Civil.
Ya en aquel tiempo, el capital de procedencia urbana se interesaba
por los terrenos abandonados del termino. Diversos burgueses
movilizaron grandes transformaciones agrícolas. La más relevante
fue la promovida por el marqués de Valderas, que mandó construir
una enorme balsa de 100 x 60 metros y, mediante un sistema de
acequias y un acueducto de seis arcos, consiguió regar una zona de
campos hasta ese momento yermos. Por aquel tiempo, visitó el
pueblo el ilustrado botánico mossén Josep-Antoni Cavanilles, y se
mostró entusiasmado por la riqueza botánica y geológica de aquel
húmedo y floreste rincón de la comarca:
“Continúan los montes como dos leguas desde la fuente [del Puig
Mola] y por ellos baxa el camino de herradura a San Felipe
[Xàtiva]. Casi todo está inculto, por lo ingrato del suelo y las
freqüentes peñas descarnadas. Hay, no obstante, algunos viñedos,
higueras y sembrados en las cortas llanuras contiguas a los
sumideros esparcidos por aquel recinto. El Toro sirve de muro
septentrional a los barrancos y valle de Barxeta. El meridional se
compone de la serie de montes que desde Puigmola siguen hasta la
huerta de San Felipe y, al fin, torciendo algún tanto hacia el
mediodía, vienen a unirse, junto a Genovés, con la Serra Grossa y
los montes de Benigànim. En aquellos barrancos, y a una legua de
la citada fuente, están las canteras de Buixcarró, famosas por la
variedad, abundancia y hermosura de sus mármoles. Vistas de lejos,
semejan un gran castillo arruinado, por los vivos colores y
cortes, que resaltan sobre lo pardo del monte y matas que allí
crecen.”
Durante el siglo XIX, prosperaron aquí las viñas y otros cultivos
de secano, en un término donde la propiedad estaba muy mal
repartida. Los terratenientes y labradores adinerados (els
“senyorets”) explotaban a la mayoría de la población: labradores
sin tierra, jornaleros que vivían de manera miserable. Los ricos
eran, generalmente, burgueses de Xàtiva que manifestaban su status
social adquiriendo terrenos de muchas hectáreas, transformándolas
y edificando masias, como por ejemplo la casa de l’Advocat, la
casa de la Foia o la casa de Lino. También fructificaba, durante
algunas décadas, la colonia agrícola de la arruinada Casa de la
Lliga, que disponía de un enorme cellar y de casas para los
jornaleros. En efecto, durante este periodo de mano de obra barata
y sumisa, se consiguió fracturar casi todo el secano del término.
Comenzaron a perforarse, así mismo, pozos a motor, que
favorecerían la expansión del naranjo sobre los antiguos secanos,
fenómeno que se ha prolongado hasta nuestros días.
A principios del siglo XX, coincidiendo con la crisis del "Any
Deu" (el gusano de la filoxera arrasó las viñas), los jornaleros
que iban a segar arroz a la Ribera o emigraban a les viñas del
Llenguadoc (Francia) adquirieron “consciencia de clase”, y
establecieron en el pueblo las primeras organizaciones sindicales
y obreras. El calentamiento del clima político durante la
República y la revolución social del 1936-1939, dejaron paso a una
etapa de fuerte represión y emigración durante la posguerra.
Barxeta se quedaría estancada entorno a los 1.500 habitantes. Pero
durante las últimas décadas, y sobretodo ya en tiempos de
democracia, el pueblo ha resurgido, y se han obtenido mejoras en
muchos aspectos económicos, sociales y culturales.
La fisonomía actual del núcleo de población de Barxeta, como la
del término municipal, es producto de la propia historia. En la
parte de arriba, está la plaza de l’Ajuntament o de l’Alcalde
Josep Lorente, ocupada antiguamente por la iglesia de las
"Esposalles de la Verge Maria", que los milicianos proletarios
destruyeron, piedra por piedra, durante la revolución social del
1936-1939. Esta plaza y parte de la Calle Mayor (por donde los
vecinos bajaban a abastecerse del agua de la fuente del Tossal),
constituyen el núcleo fundacional de Barxeta, remodelado en el
siglo XVII, a raíz del proceso de repoblación. Tal vez aquí estuvo
en origen, también, la barxeta o torreta que siglos atrás dio
nombre a la alquería de los árabes. El resto de calles son
producto de la espectacular expansión demográfica del periodo
1720-1910. La iglesia nueva, edificada durante la posguerra e
inaugurada el 1958, se asienta en la avenida de Jaume I, sobre el
antiguo camino de Xàtiva. |